Amo de Roma, El
Lucio Domicio, tras combatir a las órdenes de Marco Aurelio a orillas del Danubio, asiste en Roma a las exequias del difunto césar. Allí conocerá a la bella Valeria, quien, a pesar de su trato distante, le cautiva. Sin embargo, el ascenso al poder de Cómodo, hijo del que fuera llamado emperador filósofo, supondrá un punto de inflexión en el devenir del Imperio. Las conductas despóticas de Cómodo y de Lucila, su hermana, quien influye poderosamente en él, alentará todo un vivero de conspiraciones y turbios manejos que marcarán de forma inexorable el destino de Roma. Alberto Monterroso, autor de Séneca, la sabiduría del Imperio logra aquí ensamblar pasiones extremas y acción desbordante sin perder un ápice de certeza histórica. Esta espléndida novela hace realidad el viejo adagio latino «prodesse et delectare», enseñar y deleitar al mismo tiempo. Porque el disfrute literario no está reñido con el rigor histórico. Los doce años de gobierno del emperador Lucio Aurelio Cómodo (180-192 d.C.) son poco conocidos entre el gran público, pero de enorme trascendencia en la historia de Roma. Es el último de los emperadores antoninos, la prodigiosa dinastía del s. II, el siglo de oro del Imperio, que comenzó con Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío, Lucio Vero y Marco Aurelio, todos ellos excelentes gobernantes, para acabar con el protagonista de esta narración, cuyo reinado, según, el historiador británico Edward Gibbon consideró el inicio de la decadencia de Roma. «Alberto Monterroso, cuya biografía de Séneca ya confirmó que es un sabio conocedor de la historia de Roma, narra con pasión el declive del Imperio y muestra aquí que la novela histórica no tiene tampoco secretos para él». Javier Ortega.
Tierra de los hombres
El 30 de diciembre de 1935, el avión pilotado por Antoine de Saint-Exupéry y su amigo André Prévot, que había despegado con exceso de combustible, se estrella en el desierto del Sáhara. Tras cinco días de coma y mientras convalece del terrible accidente, Saint-Exupéry escribe Tierra de los hombres con la perspectiva de quien contempla el mundo desde la soledad de una cabina de avión. Escribe con la nostalgia de una infancia feliz y perdida, escribe para evocar el duro aprendizaje del oficio de aviador, homenajear a los compañeros Mermoz y Guillaumet, mostrar la Tierra a vista de pájaro, revivir el accidente sufrido junto a Prévot o revelar los secretos del desierto. Pero lo que de verdad aspira a decirnos es que vivir es aventurarse a buscar el misterio oculto tras la superficie de las cosas; la posibilidad de encontrar la verdad dentro de uno mismo y la urgencia de aprender a amar, único modo de sobrevivir a este universo deshumanizado. Tierra de los hombres se publicó en febrero de 1939 y en otoño de ese mismo año fue galardonado con el Gran Premio de la Academia Francesa y con el National Book Award en Estados Unidos. «La historia del príncipe que se aburre en su planeta y decide recorrer el Universo para sacudirse su aristocrático tedio se le ocurrió a Saint-Exupéry cuando su avión chocó con la cumbre de una meseta en el desierto de Libia. No era el primer percance de su ya atribulada vida de piloto, pero sí uno de los que más materia literaria iba a brindarle, pues nutriría su mejor obra, depararía un relato y una emisión de radio, y tal vez dotó al piloto accidentado de los rasgos del pequeño príncipe que iba a arrobar a tantos muchachos en los cinco continentes. Pero la gran obra de Saint-Exupéry es Tierra de los hombres. En ella no sólo recoge lo más espectacular de sus vivencias como piloto, sino también lo mejor de su estilo, poético y lúcido.» Juan Bonilla.
Vuelo nocturno
El piloto Fabien afronta la noche en su vuelo de correos desde Patagonia a Buenos Aires. Enfrente una violenta tormenta difícil de eludir y que llena de extrañeza a la tripulación. Podría ser algo más. En Buenos Aires, Rivière, su patrón, creador de los vuelos nocturnos, medita sobre su «obra» en la compañía. Personaje duro e inflexible, pero no insensible, exige un compromiso absoluto con la organización y con el cumplimiento del servicio. Y lo hace cuando mientras masca la tensión por una fisura que puede llevar al «drama»: de las tres escalas que surcan los mares de la noche por el cielo de Sudamérica, una de ellas, perdida en un imprevisto ciclón de nieve y fuego, tendrá muy difícil su vuelta. Mientras tanto, la esposa de Fabien se muestra muy inquieta sobre la situación de su marido. Rivière tendrá que afrontar la situación en medio de su propio e inexorable «drama». Saint-Exupéry construye en esta magistral novela, de estilo conciso, pero épico y lírico a la vez, un relato como pocos se han escrito en torno a la problemática del héroe, para quien toda acción se revela en términos absolutos, aunque sea desempeñando un simple «oficio». Conocía por experiencia propia todo lo narrado y consiguió recrear en esta obra maestra toda la fuerza y el calor de lo vivido. Además, Vuelo nocturno se convirtió en un relato premonitorio de su extraña desaparición y muerte en un vuelo de reconocimiento durante la Segunda Guerra Mundial. Hemos tenido en nuestras manos numerosos relatos de guerra o de aventuras imaginarias, en los que el autor daba a veces prueba de un logrado talento; pero que hacían sonreír, sin embargo, a los auténticos aventureros o combatientes que los leían. Este relato, del cual admiro su valor literario, tiene, por otra parte, el valor de un documento real. Estas dos cualidades, tan inesperadamente unidas, dan a Vuelo nocturno su excepcional importancia.» André Gide.
Catatónico
¿Qué pasa si el doctor responsable del combate a la pandemia desarrolla un apetito por el poder y pierde contacto con la realidad? Es el tema que desarrolla Diego Emilio Ruiz en su novela Catatónico. Tiene un doble mérito: en primer término, es un texto estupendo, que mezcla el análisis sociológico y la ciencia ficción para crear una distopía que, sin embargo, no está muy lejos de la realidad. El autor es un joven médico quien, como sus colegas, enfrenta el riesgo sanitario y el estrés que implica, hoy, el ejercicio de su profesión. Al escribir esta novela, Diego se inscribe en la tradición de médicos escritores mexicanos, como Elías Nandino y Juan Vicente Melo.
Chica de la carta, La
Una carta desgarradora, una niña recluida, un misterio por resolver
- Cuando Ivy Jenkins se queda embarazada, es enviada a St Margaret, una casa oscura y lóbrega para madres solteras. Su bebé es adoptado en contra de su voluntad. Ivy nunca saldrá de allí. En la actualidad, Samantha Harper es una periodista que necesita desesperadamente un descanso. Cuando se topa con una carta del pasado, su contenido la sorprende y conmueve profundamente. La carta es de una joven madre que ruega que la rescaten de St Margaret. Antes de que sea demasiado tarde. Samantha se verá envuelta en una trágica historia relacionada con una serie de inexplicables muertes que rodean a la chica de la carta y a su hijo. Con St Margaret a punto de ser demolido, Sam apenas tiene algunas horas para desentrañar un misterio de sesenta años, antes de que la verdad, que yace inquietantemente cerca, se pierda para siempre.
Dama león
Un nuevo caso para el detective Ruy Beda. En El viejo Roth (El tapiz del unicornio, 2017) se enfrentó a un caso misterioso: la muerte de un vendedor de libros y diletante de la magia en un edificio Art-Decó de la colonia Condesa. En Dama León el enigma emerge de un libro, que al parecer contiene los secretos de una tradición oculta de la mexicanidad, puesta a buen recaudo a lo largo de los siglos. Si bien Ruy Beda no descarta el método deductivo de Sherlock Holmes y de otros grandes detectives literarios, como el inspector Maigret, se deja llevar más por la intuición y también por el deseo, personificado en personajes femeninos ante quienes cae con un placer suicida. Al final de esta novela, el espacio literario se vuelve ambiguo y onírico, como la realidad decadente e irreal en la que habitamos.